Leccionario Santoral: Ef 3, 8-12; Sal 88, 2-5. 21-22. 25-27; Jn 10, 11-16.
LECTURA Is 30, 19-21. 23-26
Lectura del libro de Isaías.
Así habla el Señor: Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, ya no tendrás que llorar: Él se apiadará de ti al oír tu clamor; apenas te escuche, te responderá. Cuando el Señor les haya dado el pan de la angustia y el agua de la aflicción, aquel que te instruye no se ocultará más, sino que verás a tu maestro con tus propios ojos. Tus oídos escucharán detrás de ti una palabra: «Éste es el camino, síganlo, aunque se hayan desviado a la derecha o a la izquierda». El Señor te dará lluvia para la semilla que siembres en el suelo, y el pan que produzca el terreno será rico y sustancioso. Aquel día, tu ganado pacerá en extensas praderas. Los bueyes y los asnos que trabajen el suelo comerán forraje bien sazonado, aventado con el bieldo y la horquilla. En todo monte elevado y en toda colina alta, habrá arroyos y corrientes de agua, el día de la gran masacre, cuando se derrumben las torres. Entonces, la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces más intensa –como la luz de siete días– el día en que el Señor vende la herida de su pueblo y sane las llagas de los golpes que le infligió. Palabra de Dios.
Comentario: Nuevamente, Isaías, con un tono esperanzador, alienta a su pueblo diciéndole que Dios no lo abandonará y que lo protegerá de toda desgracia e iniquidad. Pero tendrá que ser fiel al amor de Dios y permanecer confiado ante su presencia, pues solo a él habrá de adorar.
SALMO Sal 146, 1-6
R. ¡Felices los que esperan en el Señor!
¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios, qué agradable y merecida es su alabanza! El Señor reconstruye a Jerusalén y congrega a los dispersos de Israel. R.
Sana a los que están afligidos y les venda las heridas. Él cuenta el número de las estrellas y llama a cada una por su nombre. R.
Nuestro Señor es grande y poderoso, su inteligencia no tiene medida. El Señor eleva a los oprimidos y humilla a los malvados hasta el polvo. R.
ALELUIA
Aleluia. El Señor es nuestro Juez, nuestro Legislador, nuestro Rey: Él nos salvará. Aleluia.
EVANGELIO Mt 9, 35—10, 1. 5-8
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha». Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de sanar cualquier enfermedad o dolencia. A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: «Vayan a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente». Palabra del Señor.
Comentario: Así será el escenario que deberán enfrentar, en la misión, los nuevos discípulos de Jesús. Acompañados de su Maestro, estos aprenderán lo que significa ser anunciadores de la Buena Noticia. Es cierto que hoy faltan sacerdotes y consagrados/as en las múltiples necesidades de las parroquias y capillas. ¿Rezamos al Señor, dueño de la mies, por las vocaciones? En toda comunidad el Espíritu hace surgir vocaciones, basta pedirlas con fe e insistencia.