Leccionario Santoral: 2Tim 2, 22-26; Sal 36, 3-6. 30-31; Jn 17, 1. 20-26.
LECTURA Am 3, 1-8; 4, 11-12
Lectura de la profecía de Amós.
Escuchen esta palabra que el Señor pronuncia contra ustedes, israelitas, contra toda la familia que Yo hice subir del país de Egipto. Sólo a ustedes los elegí entre todas las familias de la tierra; por eso les haré rendir cuenta de todas sus iniquidades. ¿Van juntos dos hombres sin haberse puesto de acuerdo? ¿Ruge el león en la selva sin tener una presa? ¿Alza la voz el cachorro desde su guarida sin haber cazado nada? ¿Cae el pájaro a tierra sobre una trampa, si no hay un cebo? ¿Salta la trampa del suelo sin haber atrapado nada? ¿Suena la trompeta en una ciudad sin que el pueblo se alarme? ¿Sucede una desgracia en la ciudad sin que el Señor la provoque? Porque el Señor no hace nada sin revelar su secreto a sus servidores los profetas. El león ha rugido: ¿quién no temerá? El Señor ha hablado: ¿quién no profetizará? Yo les envié una catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, y ustedes fueron como un tizón salvado del incendio, ¡pero ustedes no han vuelto a mí! Por eso, mira cómo voy a tratarte, Israel; y ya que te voy a tratar así, prepárate a enfrentarte con tu Dios, Israel. Palabra de Dios.
Comentario: La autoridad del Profeta se ve cuestionada, puesto que a su enseñanza se la considera en desacuerdo con la doctrina tradicional e inspirada en Israel. Amós argumenta en su defensa que su vocación es una elección de Dios y, por tanto, un acto de fe. Elección de la que goza el pueblo pero que no ha sabido apreciar. Porque la propia “elección y la alianza” no implican un privilegio sino una responsabilidad que han despreciado.
SALMO Sal 5, 5-8
R. ¡Guíame por tu justicia, Señor!
Tú no eres un Dios que ama la maldad; ningún impío será tu huésped, ni los orgullosos podrán resistir delante de tu mirada. R.
Tú detestas a los que hacen el mal y destruyes a los mentirosos. ¡Al hombre sanguinario y traicionero lo abomina el Señor! R.
Pero yo, por tu inmensa bondad, llego hasta tu Casa, y me postro ante tu santo Templo con profundo temor. R.
ALELUIA Sal 129, 5
Aleluia. Espero en el Señor y confío en su palabra. Aleluia.
EVANGELIO Mt 8, 23-27
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. Acercándose a Él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: «¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!». Él les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma. Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?». Palabra del Señor.
Comentario: No somos ingenuos ni cristianos tibios, somos valientes, valerosos. Una de las cosas más comunes en la vida es la incertidumbre de lo que nos pasa o pasará. En esto se distinguen quienes no tienen fe de los que sí la tienen: se preocupan demasiado en qué comerán o vestirán, mientras que el cristiano se prepara para el futuro viviendo rectamente el presente. Es aquí donde entra nuestra fe: hoy, quizá, nos atrapa la estrechez económica o la muerte de un ser querido; sin embargo, Dios lo permite, porque de ello sacará un bien mucho mayor.